En México, entre cinco y seis mil nuevos casos de cáncer infantil son detectados cada año en menores de 18 años, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud. La sobrevivencia estimada en el país es de 56%, un porcentaje considerablemente inferior al 80% y 90% que alcanzan naciones con mayores niveles de desarrollo sanitario.
En el contexto del Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer Infantil, que se conmemora cada 15 de febrero, organizaciones civiles advierten que el impacto de la enfermedad no se limita al ámbito médico. El diagnóstico obliga a niñas, niños y adolescentes —así como a sus familias— a modificar rutinas, prioridades y, con frecuencia, a pausar la trayectoria escolar.
La Organización Mundial de la Salud estima que cada año alrededor de 400 mil menores de 19 años son diagnosticados con cáncer en el mundo. En países con sistemas de atención más robustos, la probabilidad de sobrevivir a cinco años del diagnóstico suele ubicarse entre 80% y 90%, lo que evidencia una brecha relevante frente a la realidad mexicana.
Desde la sociedad civil, la directora de Casa de la Amistad para Niños con Cáncer, Lorenza Mariscal, subraya que el acompañamiento integral es determinante. “Hablar de cáncer es hablar de vida, porque sabemos que el 90% de los niños se pueden curar, y no podemos detener su conocimiento y su educación porque estén pasando por esto”, declaró a la agencia de noticias EFE. La organización impulsa no solo el acceso a tratamientos, sino también el seguimiento educativo para evitar que la enfermedad profundice el rezago escolar.
Las ausencias frecuentes a clases forman parte del proceso: hospitalizaciones, ciclos de quimioterapia y el desgaste físico derivado de los medicamentos dificultan la asistencia regular. A ello se suma que, tras el diagnóstico, muchas familias concentran todos sus recursos y energía en la atención médica inmediata, relegando otras áreas de la vida cotidiana.
“Apostar porque la vida continúe y florezca implica acompañar a las niñas y niños no sólo en lo médico, sino también en su educación, porque su recuperación también es una apuesta por su futuro”, afirmó Mariscal. No obstante, reconoció que, pese a los esfuerzos, los pacientes enfrentan una “desventaja enorme”.
El contexto educativo nacional agrava el escenario. Según datos censales de 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el rezago educativo afecta al 18% de la población en México y al 10% de niñas, niños y adolescentes de entre tres y 17 años. Sin embargo, no existen estadísticas desagregadas que permitan dimensionar cuántos de estos casos corresponden a menores con cáncer.
Las cifras oficiales y los datos internacionales muestran que, además del reto sanitario, el cáncer infantil en México representa un desafío estructural que impacta la continuidad educativa y el desarrollo futuro de miles de menores.